sábado, 16 de marzo de 2024

ALGO QUE DECIR - Poema de Las Crónicas de Ava de Alvaro Villa André


ALGO QUE DECIR

 

Cuando circulas por las calles entre multitudes de personas te das cuenta
que no e
stamos hechos para ser colectivizados
como en una granja humana.

No te dejes arrebatar la  libertad individual de reflexionar
 y tu capacidad de raciocinio y elección.


Muchas veces, precisamente aquellos,
que se llenan la boca de tolerancia, son los más intolerantes.


Realmente es difícil creer en personas situadas en puestos de poder,
cuando su sueldo depende de que mientan.


Nunca me sentí feminista o machista.
Siempre me sentí más cómodo como humanista
al ver por encima de razas,  géneros
y obstáculos creados por ingeniería social para tener enfrentados al rebaño humano.

Siempre me opondré a que el Estado determine lo que debes pensar
y lo que NO debes decir. 
Tanta idiotez borreguil no puede ser sana.

Por eso  cuídate de no ser un lacayo de políticos,
que odian a todos los que no piensen como ellos.
La convivencia y tolerancia cívica es sanadora


Los años me enseñaron que el objetivo de las disputas ideológicas
es aplastar y acallar el alma humana
y dinamitar la convivencia inteligente.


Nadie tiene derecho de obligarte a  perforarte la piel para inyectar una sustancia X,
atentando contra tu derecho de inviolabilidad y poder tomar una decisión.


Como cansan esos eslóganes repetidos hasta el hartazgo.

En vez de un "Black Lives Matter", debería ser un "All Lives Matter".
TODAS LAS VIDAS IMPORTAN.

Desconfía de los que vociferan por libertad de expresión
y luego son intolerantes contra los que no comparten la suya.

Y si, a menudo un cordial "Hola" y un "Adiós" indoloro es lo más sincero que puedes ofrecer, cuando no hay mucho más que decir.

No necesitamos un día del orgullo gay,
es mejor la disolución de las etiquetas para crear un mundo liberado.

Es arriesgado decir "Se lo que la gente piensa",
 si no estamos en sus cabezas.

Personalmente no tengo nada contra las religiones o ideologías,
excepto cuando no te dejan salir, o te obligan a entrar.

Y si tememos decir lo que sentimos,
es como tenernos capados por la mitad.

La esperanza existe ...
aunque solamente este en el teclado que acarician tus dedos.

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